Se conoce como origen de nuestra religión en América Latina, la llegada de los esclavos a través de las embarcaciones extranjeras. Estas embarcaciones provenían de tierras como Keto, Congo, Angola y Mozambique.
Nacida de la tribu Cabinda, ex-estado Bantú, ubicada en la frontera Congo-Angola, en la desembocadura del río Congo; hoy pertenece a la República de Angola. El esclavo, trajo consigo su dogma de fe, sus orixas y sus practicas.
La nación Cabinda, originaria de Angola, adopto el pateón de los Orisás Yorubás, estas divinidades Bantúes tenían como nombre correcto Inkince, los Inkince son para los Bantú lo mismo que los Orisás para los Yorubás, y lo mismo que los Voduns son para los Jejes. No se trata de las mismas divinidades, cada Inkince, Orisá o Vodum posee identidad propia y culturas totalmente distintas. El lenguaje ritual se origino predominantemente de las lenguas Kimbundo o Kikongo; son lenguas muy parecidas y utilizadas actualmente. El kimbundo es el segundo idioma nacional en Angola y el Kikongo proviene de Congo siendo también hablado en Angola.
Este culto fue traído para Río Grande do Sul por un africano conocido como Gululu, de cuyas manos salio la figura más marcante del culto en Río Granade do Sul la raíz más fuerte de la Cabinda que fue el Sr. Valdemar Antonio do Santos, hijo de Orisá Xàngó Agodo Baruálofina Kamucá; su primera hija de santo fue la Mâe Magdalena de Oxum Epanda, otros que se iniciaron por mano de Valdemar de Xàngó y con su muerte pasaron para la mano de Mâe Magdalena de Oxum fueron Pai Tati de Bará, Mâe Palmira de Oxum, entre otros, despues fueron surgiendon otros íconos donde podemos sitar a Pai Romário Almeida de Oxala, Pae Cleon de Oxala, entre otros.
Hablar de Pai Romário de Oxalá es tocar las fibras más profundas del amor, la devoción y la entrega a Orixá. Su vida y su misión espiritual no fueron una casualidad sino un llamado sagrado de la ancestralidad para convertirse en un guardián del axé más puro de la nación Cabinda.
Pai Romário de Oxalá sembró una semilla de devoción eterna, asegurando que el latido sagrado de los tambores de Cabinda siga vibrando con fuerza, pureza y sentimientos en los corazones de cada uno de nosotros.
Las palabras que surgen en este homenaje son la memoria viva de quienes, de alguna forma me han transmitido el recuerdo y el fundamento de lo que fue el Padre Romário de Oxalá a través de sus relatos y su legado.
Mâe Sandra de Osun.